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Historia de un DD de la marina americana

 
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S3rgiOz
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MensajePublicado: Sab Ene 20, 2007 2:50 am    Asunto: Historia de un DD de la marina americana Responder citando

A veces las cosas que casi ocurrieron son tan interesantes como las que ocurrieron. Casi todos los libros de historia fotográfica de la Segunda Guerra Mundial incluyen la famosa instantánea que muestra al presidente Franklin Delano Roosevelt reuniéndose con Winston Churchill y Iosif Stalin en Teherán en Noviembre de 1943. El pie de foto usualmente menciona que el encuentro hizo más sólidos los lazos de la Alianza que continuaría hasta obtener la victoria en 1945. En cambio, practicamente en ninguna parte se menciona que la cumbre estuvo a punto de no celebrarse - porque el presidente de los Estados Unidos, todos los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y numerosos líderes de alto nivel del país estuvieron a punto de ser víctimas de un ataque con torpedos cuando navegaban a bordo del USS Iowa camino de la cumbre. Este hecho de importancia potencialmente vital suele olvidarse porque el torpedo que pudo haber matado al presidente era americano.


El autor del disparo fue el destructor William D. Porter, conocido por todos los que navegaron en él como "Willie Dee", unos de los cientos de destructores que los Estados Unidos construyeron a toda prisa cuando se hizo evidente que la guerra a escala mundial en la que el país estaba envuelto sería en primer lugar naval. El Porter entró en servicio en Julio de 1943 con una dotación compuesta por 125 jóvenes que, salvo un puñado de veteranos dispersos aquí y allá, estaban aún en el instituto o trabajando en la granja cuando se puso su quilla. Tenían tan poca experiencia como su barco.


Pero las fuerzas armadas enteras estaban en esa situación en 1943 - hordas de adolescentes voluntariosos que esperaban aprender a hacer su cometido antes de que alguien empezara a dispararles. Y el tiempo apremiaba, de modo que solamente cuatro meses después de su botadura el Willie Dee fue asignado a una de las misiones más críticas y secretas de la Marina. Rooselvelt iba a viajar al Africa del Norte Francesa para reunirse con Churchill, Stalin y Chiang Kai Shek. Nadie debía enterarse del propósito del viaje hasta que el presidente hubiese desembarcado.


Roosevelt subió a bordo del masivo acorazado Iowa el 12 de Noviembre de 1943, junto con el Secretario de EStado Cordell Hull, los Jefes de Estado Mayor y suficientes peces gordos y asistentes de máximo nivel como para impresionar al marino más imperturbable. Los aproximadamente ochenta miembros del grupo presidencial se habían escabullido de Washington del modo más discreto posible a bordo del 'Potomac', el yate del presidente, y habían navegado rio abajo por el Potomac hasta el punto de cita con el Iowa en la bahía de Chesapeake, cerca de su desembocadura. El acorazado Iowa desplazaba 45,000 toneladas, y para evitar embarrancar en los bajíos de la zona había tenido que desembarcar casi todo su combustible antes de navegar hacia el norte desde su fondeadero en Norfolk, Virginia.


"No supimos que estábamos haciendo en Chesapeake hasta que vimos atracar el yate del presidente" recuerda Grier Sims, tripulante del Iowa. "Mientras estábamos en Norfolk habían instalado una bañera a bordo, y todos nos preguntábamos que diablos hacía una bañera en un acorazado. Lo comprendimos cuando vimos al presidente."

[Nota: En los barcos de guerra escasean el espacio y el agua, de modo que no hay lugar para bañeras; pero Roosevelt no podía usar una ducha; era paralítico...]


El presidente fue subido a bordo en su silla de ruedas sin ceremonia alguna, y el Iowa se hizo silenciosamente a la mar con ordenes estrictas de mantener silencio de radio y evitar ser visto por otros barcos. El acorazado iba acompañado por dos portaaviones de escolta para proporcionar cobertura aérea y tres destructores para mantener a raya a los submarinos alemanes que aún estaban hundiendo muchos barcos en el Atlántico. Uno de estos destructores era el Willie Deee.


La misión era simple peor vital: llevar a Roosevelt y su comitiva a Mers-el-Kebir, en el Africa del Norte francesa, para la primera de una serie de cumbres entre los líderes aliados. Los buques debían cruzar el Atlántico a toda velocidad, y los pequeños destructores iban a tener dificultades para mantenerse en posición. La mayoría de los marineros del convoy no sabían nada de su misión, o que el presidente estaba en el Iowa, pero la tensión reinante entre los oficiales delataba que había mucho en juego.


"En el Iowa sí sabíamos que estaba a bordo, pero la mayoría de nosotros nunca le vimos" nos cuenta Sims. "Tampoco sabíamos adonde nos dirigíamos, pero sí que íbamos todo el rato a la máxima velocidad, de modo que el barco entero temblaba. Corríamos como una bala."


Incluso a esa velocidad el viaje duraría ocho días, de modo que durante el viaje los barcos y sus dotaciones continuaron con su entrenamiento normal. Estas actividades eran vitales para mantener a los hombres ocupados y, por lo menos en el Willie Dee, para preparar a su novata tripulación para la vida en el mar.


La singladura del destructor no empezó nada bien. Cuando el capitán Wilfred Walter ordenó 'Atrás despacio' para sacar al mar su barco se produjo un estruendo aterrador de metal roto. Walter y sus oficiales se avalanzaron a la borda afectada y descubrieron que no era que su nave se estuviera deshaciendo -- el ancla del Willie Dee se había enganchado al buque vecino y le había arrancado barandas, balsas salvavidas, un bote y otros pedazos de metal variados. Su vecino quedó hecho unos zorros, pero el daño en el Willie Dee se redujo a unos arañazos en el ancla. Walter, obligado por sus ordenes de reunirse con el Iowa, solo tuvo tiempo de presentar las más elementales excusas antes de continuar su camino.


Esto fue solo el comienzo. El Willie Dee continuó provocando comentarios poco halagadores. Poco después de que el convoy se concentrara y comenzara su viaje, y mientras cruzaban una zona conocida por el número de barcos hundidos recientemente en el área, una gran explosión sacudió las aguas y un enorme geiser llamó la atención de los vigías. Inmediatamente todos los barcos tocaron a zafarrancho de combate e iniciaron maniobras evasivas, hasta que el Willie Dee informó de que el culpable no había sido ningún submarino. Una de sus cargas de profundidad se había soltado y caído al agua, y no tenía el seguro puesto como hubiera debido.


Poco después de este embarazoso incidente el Wille Dee fue golpeado por una gran ola que se llevó a un hombre por la borda sin que se le volviera a ver. Y después de esta desgracia la sala de máquinas informó que estaba perdiendo potencia y antes de que fuera posible reparar la avería el destructor se había quedado muy retrasado y tuvo grandes dificultades para
reincorporarse al convoy. Para entonces el Jefe de Operaciones Navales, el almirante Ernest J. King, que viajaba en el Iowa, estaba más que harto. Con tantos personajes importantes a bordo, las dificultades del Willie Dee le habían dejado en ridículo y estaba encolerizado. Por decirlo suavemente le puso de manifiesto su descontento al capitán Walter, que sabía que estaba a punto de arruinar su carrera en esta misión tan expuesta desde el punto de vista de las relaciones públicas. Convenientemente abroncado, Walter regresó a su barco decidido a arreglar las cosas durante el resto del viaje e impuso a sus hombres un regimen de adiestramiento draconiano.


El resto de las tripulaciones tampoco estaba mano sobre mano, y el 14 de Noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa ofreció a Roosevelt y sus asistentes una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. Roosevelt ocupó un lugar adecuado en cubierta y el Iowa desencadenó una lluvia de fuego contra una serie de globos meteorológicos lanzados para que sirvieran de blanco; Walter y sus hombres, a 6.000 yardas de distancia, contemplaban el espectáculo ansiosos por causar una buena impresión que los rehabilitase y vieron una oportunidad cuando algunos globos escapados a la atención de los artilleros del Iowa fueron arrastrados por el viento hacia el Willie Dee. Walter ordenó zafarrancho de combate y sus artilleros abrieron fuego contra los globos. Al mismo tiempo, Walter ordenó al resto de la tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos.


Al recibir la orden los marineros Lawton Dawson y Tony Fazio comenzaron a simular un lanzamiento de torpedos. La única diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real consistía en que durante los simulacros Dawson y Fazio retiraban antes de hacer fuego los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos.


Para llevar a cabo un simulacro realista, los torpedistas necesitaban un blanco para hacer sus cálculos. Lo normal era utilizar para ello cualquier barco cercano. Y el objetivo más cercano en este caso era el Iowa...


Cuando Dwason y Fazio estuvieron listos, el oficial de cubierta ordenó 'Fuego el uno' y los torpedistas 'dispararon' el primer pescado. Despues de una pausa para simular el tiempo que en un disparo real se hubiera invertido en comprobar el rumbo del torpedo, el oficial ordenó 'Fuego el dos', y despues de otra pausa, ordenó 'Fuego el tres'. Pero esta vez se produjo un aterrador "whooooooosh" y el torpedo salió disparado del tubo hacia las aguas ante el asombro y el horror de los oficiales del puente. Acababan de lanzar un torpedo contra el Iowa y el presidente Roosevelt.


El puente del Willie Dee se convirtió en un pandemonium de órdenes y contraordenes tratando de confirmar lo que todos temían que estaba ocurriendo. Como mucho, el torpedo necesitaría unos dos minutos para alcanzar su blanco, pero un acorazado no vira así como así. No había un segundo que perder.



Walter ordenó que se adviritiera al Iowa de inmediato, pero como había ordenes estrictas de mantener silencio de radio, un marinero tenía que transmitir el mensaje con el telégrafo marino [Nota: ese foco parpadeante que sale en la películas transmitiendo en Morse]. Desafortunadamente, debido a las prisas y la inexperiencia, el joven primero transmitió que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa, y después, cada vez más desesperado, lo intentó otra vez y en lugar de recomendar al Iowa que pusiera sus máquinas en 'Todo Atrás' se las arregló para señalar que el Willie Dee se había atascado en 'marcha atrás a toda máquina'.


Sin tiempo para intentarlo otra vez, el capitán decidió romper el silencio de radio. En unos segundos el radiotelegrafista del Willie Dee’s estaba llamando en clave al Iowa: "¡Lion, Lion, responda, rápido!"


Su compañero del Iowa, sorprendido, respondió inquiriendo con calma quien estaba hablando y porqué, y el operador del Willie Dee gritó "¡Torpedo en el agua!¡Lion, caiga a estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!"


Pero aproximadamente en ese mismo momento los vigías del Iowa divisaron el torpedo "¡Torpedo por la amura de estribor! ¡No es un simulacro! ¡Torpedo por la amura de estribor!" y el Iowa cayó abruptamente a estribor y aceleró a toda máquina mientras su artillería abría fuego contra el 'pescado'. Walter y su tripulación ya solo podían esperar y rezar.

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S3rgiOz
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MensajePublicado: Sab Ene 20, 2007 2:51 am    Asunto: Responder citando

En el acorazado sonaban los claxon de alarma y los tripulantes corrían a sus
puestos de combate. Pronto la estela del torpedo fue visible desde el puente, y el gran barco viró desesperadamente a estribor, escorando de forma tan pronunciada que la silla de ruedas del presidente comenzó a deslizarse hacia la borda amenazando con caer al mar y sus guardaespaldas tuvieron muchas dificultades para retenerla. Uno de ellos llegó a sacar su pistola y apuntar al torpedo que se acercaba.


Mientras la tripulación del Willie Dee observaba conteniendo la repiración el
Iowa logró virar a tiempo y el torpedo explotó en su estela. Más tarde Roosevelt hizo una anotación en su diario sobre el incidente: "Lunes, demostración de artillería. El Porter nos lanzó un torpedo por error. Lo vi - falló por unos 1.000 pies." [O sea, algo más de 300 metros, o un poco más que la longitud/eslora del Iowa; si el barco iba a 30 nudos, recorría 300 metros en menos de 20 segundos... ]


A bordo del Willie Dee todos respiraron con alivio... hasta que vieron que las grandes torres del Iowa giraban y sus nueve piezas de 16 pulgadas (406mm) no le quitaban ojo al destructor que había abierto fuego contra el presidente. Para ellos el incidente estaba muy lejos de haber terminado. Poco después el Iowa radiaba inquiriendo qué demonios había pasado. "Hemos sido nosotros," fue todo lo que Walter pudo decir.


Después de conferenciar rapidamente con su tripulación sin encontrar explicación a lo ocurrido el capitán se vió en la nada envidiable posición de tener que convencer al Iowa de que todo había sido un lamentable malentendido. Dadas las circunstancias, sin embargo, sus esfuerzos tuvieron escaso éxito y el desgraciado destructor fue expulsado del convoy. El Iowa y el resto de la escolta continuaron su histórico viaje a Africa del Norte, mientras que el Porter se dirigía a la base naval estadounidense en Bermuda, donde nada más atracar fue practicamente tomado al abordaje por una unidad de marines armada y equipada como si tratara de tomar Tokio al asalto y toda la tripulación fue conducida al calabozo - la primera vez en la historia que la dotación entera de un barco de la US Navy era puesta bajo arresto 'en masse'.


Acto seguido el Servicio Secreto procedió a pasar a todos los tripulantes por una criba muy fina, en una investigación de alto secreto destinada a averiguar si un grupo de saboteadores del Eje había conseguido infiltrarse en el barco ¿Había sido el disparo del torpedo un error, un fallo mecánico, o había algo más siniestro detrás de lo ocurrido, una conspiración destinada a asesinar al presidente o, por lo menos, abortar la reunión de los líderes aliados?


El hecho de que los detonadores en cuestión no aparecieran no ayudó a los pobres tripulantes...


Se necesitaron varios días de declaraciones y careos para que la junta de
investigación llegara a la conclusión de que, no se sabía cómo, todo se había
debido a que en el tubo número 3 no se había retirado el detonador antes del
simulacro, y que no había ningun espía nazi o japonés implicado. Sencillamente, la tripulación del Willie Dee la había pifiado en una escala descomunal, grandiosa, pero exactamente cómo fue un misterio hasta que el marinero Dawson confesó que había mentido en su primera declaración, en la que había dicho que no tenía idea de cómo era que el detonador no había sido retirado, ni de qué había ocurrido con él, y declaró a la junta que había dejado el detonador en el tubo 3 por error, y que después del disparo, llevado por el pánico, había tirado los detonadores por la borda para tratar de ocultar lo ocurrido.


Uno de los oficiales, el teniente William Poindexter, declaró a la junta que parte de la responsabilidad debía achacarse "a la completa inexperiencia de la dotación, oficiales incluidos". De los 16 oficiales que estaban bajo las ordenes de Poindexter, solamente 4 habían estado en un barco antes de subir al Willie Dee.


Pero fuese como fuese, casi habían matado al presidente, y alguien tenía que ser castigado. Por su negligencia inicial y su comportamiento posterior Dawson, que solo tenía 22 años, fue condenado a 14 años de trabajos forzados; por suerte para él, cuando Roosevelt fue informado de la sentencia otorgó un perdón presidencial al joven y ordenó a la Marina que no inflingiese ningún otro castigo a Dawson, dado que todo había sido un error y nadie había sido perjudicado.


Puede que nadie hubiese salido herido del incidente hasta entonces, pero desde el día en que casi torpedeó al Iowa el Porter fue perseguido por su reputación de ser un barco al que era mejor no darle la espalda.


Por lo general, el barco era recibido en todas partes con saludos como "¡Alto el fuego! Nosotros votamos por Willkie!", "¡No disparen, somos republicanos!" y otros por el estilo. El Willie Dee era la oveja negra de la flota, y los marineros destinados a él, como Bill Glover, un adolescente de 17 años de Montgomery, Alabama, hacían todo lo posible por esquivarlo y encontrar otro destino. "En menos de un año desde su botadura se había hecho una reputación de cuidado y todos habían oido hablar de él; yo no quería ir al Porter," nos dice. "Claro que ellos lo sabían, y algunos a bordo se lo tomaban a broma, porque al fin y al cabo nadie había muerto en el "ataque". Y encima había una guerra en marcha, y teníamos mucho que hacer." Además, nos contó Glover, con el tiempo se dió cuenta de que el Porter no lo había hecho peor que otros barcos nuevos de la Marina, llenos de novatos que jamás habían navegado antes. El Willie Dee se había hecho famoso por un error dramático que había involucrado por azar al presidente, pero cosas así ocurrían todo el tiempo hasta que los novatos aprendían el oficio, recuerda

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S3rgiOz
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Registrado: 07 Dic 2006
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MensajePublicado: Sab Ene 20, 2007 2:51 am    Asunto: Responder citando

La Marina estaba llena de novatos en 1943, y los errores eran continuos porque los muchachos de 17 años no han aprendido aún a no cometerlos. Este es un hecho casi olvidado en la historia de la Segunda Guerra Mundial: en la lógica precipitación de los primeros días de la guerra la nación estaba enviando al mar barcos absolutamente nuevos, con tripulaciones tan jóvenes e inexperimentadas que literalmente tenían que aprender lo más básico por el camino. Pero después de dispararle un torpedo a Roosevelt a ellos todo el mundo les estaba vigilando continuamente, y el resultado fue que los pequeños errores que todo el mundo cometía, en su caso no pasaban desapercibidos.


En cualquier caso, el motivo no importaba. Lo cierto es que la sombra del malhadado incidente siguió persiguiendo al Porter. Considerando como se había portado el barco en una misión de perfil alto como participar en la escolta del acorazado que transportaba en secreto al presidente, la Marina aparentemente decidió que lo mejor sería enviarlo a donde no pudiera hacer demasiado daño, y el destructor fue enviado a patrullar las tropicales aguas de la soleada Alaska y las Aleutianas durante más de un año.


Durante su servicio en las duras condiciones árticas de la zona la tripulación trabajó duro para convencer al Alto Mando de que cambiase su estimación del Willie Dee, pero a pesar de que en general se comportaron bien, el barco parecía perseguido por una maldición, y les resultó imposible deshacerse de su embarazoso pasado. Y para empeorar las cosas, durante un permiso entre dos periodos de maniobras en las Aleutianas un marinero regresó a bordo borracho y no tuvo mejor idea que disparar la artillería principal, cosa que consiguió hacer con uno de los cañones antes de ser detenido. Supuestamente no había apuntado el arma y no tenía idea de adónde estaba disparando, pero el proyectil de 5 pulgadas (aproximadamente 128mm) explotó exactamente en el césped delantero de la residencia del comandante de la base, durante una fiesta para los oficiales y sus esposas. Tuvo mucha suerte de que lo único que recibiera graves daños fuera la reputación de su destructor, que ya antes alcanzaba cotas dificilmente igualables.


Pero con la guerra en el Pacífico acercándose a su punto culminante [y Alaska libre de cualquier amenaza japonesa concebible] la Marina finalmente decidió que el William D. Porter y su veterana tripulación tenían que tomar parte en las campañas finales, y el barco partió hacia el Pacífico occidental, donde tomó parte en misiones de escolta en las Filipinas y en los desembarcos en Mindoro y el golfo de Lingayen.


A fines de marzo de 1945, recibió nuevas ordenes y fue enviado a Okinawa para tomar parte en una de las misiones más peligrosas encargadas a los destructores de la US Navy, la de piquete anti-kamikaze. Los destructores encargados de esa misión patrullaban solos en alta mar, lejos de la flota principal, para detectar con su radar las oleadas japonesas lo antes posible y dar tiempo a los cazas para interceptarlos antes de que alcanzasen a los transportes de tropas y los portaaviones. Pero no antes de que los alcanzasen a ellos. Muchos de estos destructores fueron atacados, y un solo kamikaze llevaba suficientes explosivos para hundir facilmente un destructor.


Durante una de estas misiones uno de los kamikazes abandonó su formación y se lanzó contra ellos. Los artilleros abrieron fuego furiosamente, tratando de destruirlo antes de que se acercara, y esta vez su duro entrenamiento dió resultado: el avión japonés fue alcanzado entre los jubilosos gritos de la tripulación y se estrelló antes de llegar hasta ellos. Tal vez, pensaron, la suerte del Willie Dee había cambiado por fin.


Estaban equivocados.


Sorprendentemente el kamikaze no había estallado al chocar con el mar y siguió su camino hacia el destructor bajo el agua hasta que explotó justo bajo la quilla, con tanta fuerza que el barco entero saltó del agua. Los daños eran irreparables, pero a pesar de todo no hubo bajas y el William D. Porter siguió flotando durante tres horas, tiempo suficiente para que todos los tripulantes fueran rescatados. Después se hundió bajo las olas.


El Willie Dee fue inmediatamente olvidado por casi todos, y su pequeña parte de la gran historia siguió siendo secreta hasta que el incidente con el Iowa fue oficialmente desclasificado en 1958.


Curiosamente, durante toda su historia el Willie Dee cuidó bien de sus hombres, y la única baja que sufrió su tripulación fue el marinero arrancado de la cubierta por una ola durante su primera misión.

P.D: Sacado de un foro.

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ikoma_hyoga
Alférez de Navío del Foro


Registrado: 07 Dic 2006
Mensajes: 71




MensajePublicado: Sab Ene 20, 2007 8:37 am    Asunto: Responder citando

Me ha encantado la historia, gracias por postear S3rgioz!
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eduardo17
Capitán de Fragata del Foro


Registrado: 17 Dic 2006
Mensajes: 187




MensajePublicado: Sab Ene 20, 2007 11:32 am    Asunto: Responder citando

yo lo lei ayer a la noche y me gusto

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